El líder de Morena juega a ser casamentero político en la batalla por la presidencia

En el siempre cómico circo de la política mexicana, Eduardo Ramírez Aguilar, jefazo de Morena en el Senado, se ha autodesignado intermediario de sentimientos y ánimos entre los dolidos seguidores de Marcelo Ebrard y el partido que dice abogar por “la esperanza de México”.

En una charla con periodistas, Ramírez jugó al confidente y reveló que se reunió con 25 políticos afiliados al campamento de Ebrard. Les pidió, por favorcito, que se queden a jugar en Morena, que no le hagan al drama y que intervengan para lograr una amorosa reconciliación entre Ebrard y Claudia Sheinbaum, quién de manera casi mágica ya tiene la vitola de ser candidata presidencial morenista.

Ebrard, Sheinbaum y la cruzada por la unidad

“Un encuentro no significa que resuelvan todos sus problemitas”, matiza Ramírez, “es más bien como una cita de Tinder para afinar detalles y sacar a flote la coordinación nacional de Morena bajo los designios de la doctora Sheinbaum”. Un juego de sobreentendidos, propios de telenovelas, que incluye ruegos a los legisladores para que ayuden a mantener la unidad en el partido.

Eduardo Ramírez, pseudo embajador de paz, compartió que los leales a Ebrard le contaron sus penas y las “malévolas” irregularidades que percibieron en el proceso interno de Morena para elegir a su candidata presidencial en 2024. Alegan que la cupula morenista no los pela, y Ramírez, en plan súper amigo, promete poner todo su esfuerzo para que sus quejas retumben en los oídos del partido en el poder.

La eventual (tal vez) reunión pendiente

Pero la reunión de Ebrard y Sheinbaum está en veremos. Aunque Ramírez asegura que se apersonó y oficializó la invitación a Sheinbaum para tener un tête-à-tête, aún “no me han definido” la fecha exacta. Ese encuentro, como buen mugrero político, seguramente será la próxima semana o en los próximos días. Sheinbaum se reunirá con el grupo parlamentario del Senado de Morena para verse todos a la cara y quizás, solo quizás, poner un poco de orden.

Al final del día, el líder de Morena en el Senado puede hablar maravillas y pedir miles de favores a los legisladores. Pero, sólo el tiempo dirá si Ebrard decide quedarse en el partido o, como en una telenovela melodramática, se va con el corazón roto a buscar fortuna en otro lugar. ¡Qué emoción!

Por rogelio

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