Oaxaca a Reventar: Casa Bonita se Convierte en Trinchera

Al parecer, el precioso estado de Oaxaca ha sido convertido en un Disneylandia exótico para hipsters foráneos, disparando el costo de la vivienda y los servicios a precios lunáticos. Y esto no ha caído en gracia para ciertos activistas locales.

Después de tachar su descontento con el equivalente de lapiz labial en los monumentos locales (porque romper cristales es voz del pueblo, recuerden), una colorida manifestación desencadenó la detención de seis valerosos manifestantes. El gobierno de Oaxaca, al parecer sin ánimos de humor, los acusa de vandalismo, propinas a los cristales ajenos y daños a propiedades en espacios públicos. De estos individuos, dos ya han disfrutado de su “get out of jail free card”.

Los cuatro detenidos restantes —a quienes por arte de magia se les identificó como defensores de los derechos humanos (ojalá defendieran el derecho a vivir en un barrio sin pintas ni cristales rotos)— permanecen en las frías salas de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO), mientras que otros grupos sociales y colectivos hacen ejercicios matutinos a las puertas de Ciudad Judicial para demandar su liberación.

Los detenidos: ¿Víctimas sociales o vándalos?

Pero, ¿quién podría descansar tranquilo sabiendo que los activistas Filadelfo Aldaz Deciderio, Sergio Andrés Céspedes Fernández, Ricardo Martínez Contreras y Antonio Díaz Miramón, están en prisión? No al menos, los grupos de La Comedora Comunitaria, La Campamenta y Cojudidi, quienes no pierden la esperanza y claman por el cese del “hostigamiento judicial”.

Ahora, otros colectivos y organizaciones, temiendo que a la justicia oaxaqueña le dé por sentirse “creativa” con los cargos, se suman al alboroto, incluyendo familias de los presos políticos de Eloxochitlán de Flores Magón, y familias desplazadas de la región triqui.

El gobernador y su telenovela

Por su parte, el gobernador Salomón Jara Cruz no pierde la oportunidad de darle un toque dramático a la situación, comparando esta disputa con el fantasma de Hitler y el racismo, argumentando que los desmanes de los manifestantes alimentan el odio contra los extranjeros y turistas (específicamente, según cuenta, los ‘pinches blancos’).

En su discurso, Jara Cruz insiste que la población no simpatiza con estas causas y que el odio y racismo no tienen cabida en Oaxaca, obviando con él la creciente inconformidad social que ha llevado a estas protestas. Además, se le olvida mencionar si tiene algún plan para aliviar el precio de la vivienda y los servicios que los pobladores locales ya no pueden permitirse gracias al “new look” de Oaxaca. Probablemente estaba muy ocupado buscando similitudes con la historia del Tercer Reich.

¿Y la fiscalía oaxaqueña? Bien gracias. Hasta el momento, no proporcionó la información para confirmar los delitos específicamente imputados a cada uno de los activistas, ni el momento en el que deberá decidirse su futuro legal. Suponemos que, en ese aspecto, nos quedaremos con el suspenso.

Tic tac, señor gobernador, estamos ansiosos por ver el próximo capítulo de su telenovela.

Por rogelio

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